Todos necesitamos héroes, personas a quien admirar, de los cuales podamos aprender algo. Difícilmente caminamos por la vida y sobresalimos gracias a nuestro solitario y brillante intelecto.
A veces a esos héroes los idealizamos demasiado y cuando fallan, o se van, se nos cae un pedazo del alma. En mi caso, mi primera desilusión fue el ver partir a mi primer superhéroe: “mi Jedi de una pierna”. Saqué mi tristeza contándoles a mis amigos su historia. Imagina a un niño de 6 años narrando a un grupo de compañeros de escuela la forma en que un superhéroe luchó contra 3 bandidos que querían robar su coche. Ellos lo golpearon, se llevaron el auto Ford Maverick rojo que a mí tanto me gustaba, y para finalizar, lo atropellaron, dejándolo mal herido y demoliéndole una pierna. Al final, unos doctores le salvaron la vida amputándole esa pierna…. y el clímax de la historia viene cuando le ponen una ¡pierna biónica!…!Wow! esta era una buena historia para contarle a niños de 6 años……… Mi papa vivió los últimos meses de su vida con una pierna artificial, que para mi era como el trofeo de goleador que todo niño sueña con ganar …pero, al final, esa pierna biónica, directa o indirectamente le causó a mi papá un infarto fulminante. Pasaron los meses y esa historia perdió su fuerza. Ya tenia 7 años y de pronto me encontré con la triste realidad de aceptar que mi papá no volvería, que su viaje era definitivo y sin ticket de regreso. A partir de ese momento, al sentirme desprotegido e inseguro, comenzó esa travesía que todo niño sin figura paterna tiene, un camino en busca de héroes reales, héroes que te ayuden a construir una identidad.
En la vida debes estar dispuesto a dejar el ego y orgullo atrás para poder escuchar, aprender y valorar lo que otros te pueden enseñar. Cuando NO hay un maestro “Jedi” al lado de un joven, éste fácilmente se puede perder y tomar caminos incorrectos, está a la deriva, cualquier corriente lo arrastra y lo atrapa. Pero cuando tienes a uno o varios “Jedis” y ellos te ayudan a ganar batallas, esto realmente es como oro molido. En mi caso, aparte de aprender de mi madre (mujer guerrera de mil batallas y con una fe impresionante en Dios), he tratado de aprender de los mejores “Jedis” que se han cruzado en mi camino. El primero fue Héctor Luis Martínez, un hombre sabio que me presentó a un Dios real; el segundo fue Ricky Casey, mi mentor en la universidad, el tercero fue Ken Pape, hombre perseverante que transformó el valor de un negocio de 40 mil dólares en 40 millones de dólares… luego, de Manuel Nevarez aprendí a que se puede ser exitoso teniendo los pies en la tierra, y así podría seguir.
Cuando quieras tener un “Jedi” y subirte a su barca siempre trata de descifrar que tan congruente es lo que habla con su realidad. No te dejes impresionar por su coche, reloj o casa, mejor presta mucha atención en “ver” su corazón, que tanta compasión tiene por los demás, como cuida y respeta a su familia, y qué dicen de él en su propia casa… y cuando lo encuentres ten humildad para aprender lo que te enseñe, no lo idolatres pues seguro fallara, y sobre todo respétalo.
Respecto a mi “Jedi de una pierna”, al original y favorito, sé que un día lo volveré a ver y será un día grandioso, porque podré abrazarlo y disfrutar su olor. Pero la esperanza mayor será estar frente al “Maestro” de maestros (mi Jesús), y por fin verlo cara a cara.

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