Cuando era niño usaba con frecuencia el transporte público; algunas veces el bus pasaba de largo sin recogerme, también hubo ocasiones cuando por distracciones no bajaba en la parada correcta y entonces debía caminar la milla extra. En la vida, hay ocasiones donde nuestros planes no resultan como los pensamos, las paradas no se respetan y las metas no se realizan.
Esa era una mañana perfecta para correr y habíamos alrededor de 1,500 deportistas preparados para iniciar la carrera. Había entrenado un par de meses con la meta de realizar mi mejor tiempo en el evento de 10 kilómetros; en ese momento no imaginaba lo que pasaría en los siguientes minutos.
Eran los primeros kilómetros, un grupo de unas 10 personas corríamos en pelotón y en un momento uno de ellos aceleró y se despegó del grupo, el “señor de la gorra blanca.” Recuerdo que unos kilómetros después yo lo pasé y él ya jadeaba, poco después él me volvió a rebasar, ¿será algo personal?, me pregunté. Unos minutos después penosamente lo vi en el piso con una persona atendiéndolo, lo pasé de largo y unos 100 metros adelante escuché una voz interior que me dijo “regresa” … y aunque no quería hacerlo porque echaría a perder mi tiempo planeado, corrí de regreso esquivando a otros competidores y llegué a donde estaba el señor de gorra blanca. Ya había varias personas allí gritando y pidiendo una ambulancia. Al estar a su lado agarré su mano y le pregunté que si podía escucharme la apretara, lo cual hizo; empecé a hacer una oración con él y le pedí que la repitiera en su mente. Un día después, a través del diario, supe que había fallecido de un infarto.
La muerte un día vendrá, no podrás pedirle que te conceda un último deseo, no habrá negociación ni democracia, al contrario, será autoritaria y te tomará sin pedir permiso, aun y cuando sepa que tus hijos y esposa esperan en la meta para tomarte la foto final de llegada.
Ese día yo no llegué a la meta en el tiempo planeado, tampoco el señor de la gorra blanca terminó la carrera, y lo más doloroso es que su familia no volvió a verlo con vida. Somos tan frágiles que ninguno de nosotros sabemos si el día de mañana volveremos a despertar. Lo que sí sabemos hoy es que estamos vivos, que podemos vivir este día como si fuera el último, que podemos besar a nuestra esposa e hijos ahora… Dejemos de creer que somos eternos y que nuestro plan de vida resultará tal como lo planeamos, porque seguramente no será así. Pero de algo estoy seguro, y es que el día que la muerte llegue a mi vida solo será el camino para llegar a una vida mejor… ese día al fin veré a mi Papá, al que un día dio su vida por mi, solo que Él sí llegó a la meta planeada, Él si terminó la carrera, y Él si hizo la parada correcta venciendo a la muerte en una cruz, hace ya más de 2000 años.

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